El artista debe trabajar sin esperar pagos en recompensa, y más aún, ni siquiera comprensión y consagración en vida, dándose por bien pagado con el placer que experimenta durante los momentos de creación.
Jóvenes, huid del aplauso fácil, de la palabra elogiosa y aduladora, que estorba en lugar de ayudar, pues el artista debe resignarse a aceptar que nunca llegará a la cima del triunfo y posiblemente muera antes de saberlo.
El artista trabaja para su propia satisfacción. Cumpliendo su labor honrada y desinteresadamente, trabaja para la posteridad. El genio no se improvisa, es o no es, y la obra de arte, cuando lo es, aunque se esconda en un sótano, saldrá de allí y se revelará a los hombres. En tanto, si no hay tal obra de arte, aunque se pregone en la plaza pública, pocos la miran y pronto se olvidan de ella".


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