martes, 6 de abril de 2010

El evangelio de Rodin

"El artista es el obrero por excelencia que da el ejemplo del amor al trabajo. Para el artista no hay horas fijas, ni jornadas limitadas, ni salario mínimo. Para él, cualquier hora es buena y la vida demasiado corta.

El artista debe trabajar sin esperar pagos en recompensa, y más aún, ni siquiera comprensión y consagración en vida, dándose por bien pagado con el placer que experimenta durante los momentos de creación.

Jóvenes, huid del aplauso fácil, de la palabra elogiosa y aduladora, que estorba en lugar de ayudar, pues el artista debe resignarse a aceptar que nunca llegará a la cima del triunfo y posiblemente muera antes de saberlo.

El artista trabaja para su propia satisfacción. Cumpliendo su labor honrada y desinteresadamente, trabaja para la posteridad. El genio no se improvisa, es o no es, y la obra de arte, cuando lo es, aunque se esconda en un sótano, saldrá de allí y se revelará a los hombres. En tanto, si no hay tal obra de arte, aunque se pregone en la plaza pública, pocos la miran y pronto se olvidan de ella".